Axel

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martes, 2 de agosto de 2011

Axel, ¨Soy el antiglamour¨


Entrevista. Axel. A punto de lanzar su sexto disco, “Un nuevo sol”, cuenta que su objetivo es transmitir que “se viene un cambio en el mundo”. Además, habla de la vida que lleva, casi oculto, en Córdoba, y de su negativa a vivir en Miami.

La oferta fue hacer base en Miami, plataforma estratégica para desperdigar la semillita Axel por América. Pero el muchacho que supura amor y paz en sus canciones, impuso su contraoferta anti-marketing: Córdoba. Antes que en un rascacielo de la Florida, prefirió los 1.040 metros de altura de Las Rabonas, a donde se mudó. Elogio de la lentitud. Axel Witteveen desafía las reglas de la industria.

Ojos de agua. Así se llama la callecita cuesta arriba que desemboca en seis hectáreas, propiedad del hombre que el 9 de agosto lanzará su sexto disco, Un nuevo sol . Debajo del sol de Traslasierra, paneles solares, huerta, 70 árboles por plantar y hasta un cauce en el fondo del jardín rodean al hombre que según la discográfica Universal “le ganó al mismísimo Ricky Martin”: es que por el sistema de la pre-venta, explican, antes de salir, su álbum ya alcanzará el platino (supera las 40 mil unidades), algo que el boricuo no logró en su lanzamiento.

El chico de Adrogué cambió de vida. A los 34 años, tuvo una hija (Agueda) y convenció a su mujer Delfina de construir su fortaleza lejos de los gritos de las jovencitas enajenadas que tantas veces lo obligaron a salir de los teatros metido en un baúl de auto. “Ni a Bin Laden encontrarían acá”, advierten los vecinos.

Desde el aeropuerto de Córdoba hasta la puerta de los Witteveen -tres horas de auto mediante-, el manager de Axel, Federico, se vuelve una máquina de destilar datos “positivos”. Dice que en 2010, el dvd Amor por siempre quedó segundo en ventas en la Argentina (justo detrás de U2 y arriba de Charly García). O que su representado tiene “algo de la esencia Sandro”: pudiendo vivir en Puerto Madero, hasta hace unos meses era vecino de la zona Sur (Adrogué), en una casa a la que las “Axelitas” accedían con sólo tocar el timbre, cual nenas del “Gitano”.

Autor de hits como Celebra la vida , Amo y ¿Qué estás buscando? , ese mismo que en su niñez se acercó al piano a través de una monja filipina, hoy no hace más que sonar a toda hora en las FM. Su corte Te voy a amar , sigue la línea de siempre: la catarata verbal de sentimentalismo. Y él se enorgullece de esa exageración de su sentir y de su forma hipersencilla de escribir. “No suelo enredarme -dice-. No me obsesiono con una letra. Siempre repito las palabras ‘luz, estrella, cielo, paz, amor, Dios’. Lo mío es ser común”.

¿No te preocupatrabajar un poco más la metáfora, salir de esa sencillez, subir la apuesta? Para nada. Es que mi vida es así. Mirá mi casa, no me gusta lo rebuscado. Me gusta la cosa simple, mi vida es práctica, yo soy así, bien de esencia de barrio y no porque crea que estratégicamente me sirva, sino porque soy lo que soy.

La montaña de fondo. Su hija de un año y medio, de rasgos de porcelana, creciendo sin televisor. La esposa hacendosa que invita a un risoto del que se abastecen también algunos vecinos. Imposible no ver a Axel casi como un Charles Ingalls, padre de familia modelo. Llegó a este estadío después de un proceso que comprendió dos extremos: en su adolescencia fantaseaba con ser sacerdote. Después, como Axel Fernando (su anterior nombre artístico), las mujeres, en multitud, se encargaron de borrar esa idea.

Podrías haberte instalado en Miami para hacerte más fuerte en el mercado latinoamericano y, sin embargo, te “escondés” en Córdoba. ¿No tenés la ambición de saltar al mundo? Lo de Miami siempre me lo dicen: Che, si estuvieras acá podríamos hacer las cosas más rápido.

Pero yo prefiero sacrificarme y sufrir horas de vuelo para estar más conectado con mi esencia. Igual, viviendo en Miami seguro tendría una huerta, reproduciría todo lo que vivo acá. La felicidad puede estar en Adrogué, en Córdoba, en Miami, en Japón. Está con uno. Yo no me iría a vivir afuera. La tecnología nos da las herramientas necesarias para poder estar de otra forma en otros lugares Tu disco nuevo es un constante mensaje con lección de vida. Decís cosas del estilo “Todo vuelve, si hacés el mal regresa, si hacés el bien, también. ¿El tuyo es un rol casi de mensajero de la paz? No. Yo quiero zamarrear a la gente, decirle Mirá que lo que hacés te va a volver.

Esa es la parte del disco que le da una continuidad al tema Celebra la vida.

Pero eso no es evangelizar, sí mostrar una filosofía de vida que nos hace efecto a todos.

¿En ese sentido tenés un punto de contacto con Ricardo Montaner, un cantante tan espiritual? No. No me siento parecido. A mí los fanatismos no me gustan. No me ato a la religión. Incluso a mis fans yo les digo, Chicas, la histeria no me va.

Yo me bajo a Tierra. Soy el antiglamour. Piso el piso, como todos. Lo de espiritual, puede ser, todos somos espirituales. El disco nuevo habla de la paz. Arranca con un instrumento terapéutico, un gong asiático. Cada gong vibra la energía de un planeta. Yo afirmo que la música sana, y me pareció buenísimo el arranque con el gong.

Un nuevo sol no es sólo el título que refiere a mi hija. Habla de un mensaje que me baja a mí, y tengo que preparar a la gente para escucharlo: se viene un cambio en el mundo.

¿Con lo que decís, los demás pueden pensar que estás un poco loco? No. Mis amigos desde siempre me dicen el loco. Ya me veían diferente a los demás. Yo soy un protector de la Tierra, tomo de cada creencia lo que me sirve, apoyo al budismo, al taoismo, a la religión católica. Siempre pregunto y me pregunto: ¿Qué sos? Sacate el decorado. ¿Qué sos más allá de abogado, o de tener un auto y una casa? “Remar con escarbadientes en dulce de leche”. Eso, recuerda, tuvo que hacer, este hijo de un belga, cuando le habían prometido oro y moro en México, en 2001, y terminó vendiendo sus pertenencias para emprender la vuelta. Ahora, la vida invirtió los roles y en México es furor. “Viví allá 26 meses, hasta el 2003. Me prometieron mucho y fue mentira. Me quedé sin ahorros y llegué a vender mi ropa en la zona rosa del DF y hasta a inventar una revista de publicidad. Más abajo no podía caer”, recuerda.

De bajo perfil en asuntos de familia, Axel sorprendió a sus fans en 2009 cuando comunicó su paternidad. Ni siquiera se conocía su estado civil. ¿Reglas de la discográfica? “No. Eso es mito. Me preguntaban algunos amigos, ¿No tenés miedo de perder fans ? Y me parecía irrisorio que a alguien le deje de gustar mi música por eso. Es más, la que deja de hacerlo, nunca entendió mi mensaje, y mejor que deje de seguirme”, se planta. A Agueda la recibió en una clínica, entre velas y un tema instrumental que él le compuso especialmente. Ahora, ella pasea por las sierras con una remera “partidaria” cuya inscripción dice “80% pop. 20% rock”.

¿Formás parte del género musical más bastardeado y criticado? Sí, pero acá, en la Argentina. Porque a Michael Jackson el rockero del mundo no lo criticaba. En la Argentina el género pop está más manoseado, hubo mucho invento y mucha banda no auténtica, entonces a veces carece de credibilidad. En mi caso podría haber pasado al principio, pero cada vez menos, porque la gente a mí me ve con la guitarra, el piano, componiendo, cantando en vivo, tocando la armónica, la mandolina, el bajo, la batería. Los hombres empezaron a perder el prejuicio conmigo. Antes, si su mujer me consumía, les daba cosa. Ahora me saludan por la calle.

Dice tu representante que tu horizonte no es el mundo. ¿La ambición no es lo tuyo? De chico me imaginaba que sería, a lo sumo, profesor de música de una escuela. Y de pronto me encontré grabando discos y enfrentando escenarios. Dios siempre da más de lo que uno pide. Yo sueño cosas grandes pero desde un lugar equilibrado. Obvio que sueño con un concierto en la Muralla china o en las pirámides de Egipto. Pero si no lo hago, no me voy a sentir fracasado. Voy donde la gente me abre las puertas, donde me lleva la canción. Y no mido la grandeza por los discos que vendo.

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